Tres noches en La Habana

Más allá del romanticismo de una revolución, de los ideales y fuerza que abanderó El Argentino, la realidad actual cubana, la que se palpa y se vislumbra en las calles de la Habana, es de necesidad.

Y sin entrar en los motivos (pues no me corresponde divulgar aquí mi opinión sobre los mismos) tengo que decir que lo que más admiro de los cubanos es cómo se las ingenian ante la falta cotidiana de recursos.

Es digno de ver cómo siguen funcionando (paradójicamente) esos preciosos coches americanos de los años 50.

Con una de las tasas más altas de alfabetización, podemos seguir viendo en sus calles un torrente cultural de mestizaje, desde Miramar y el Vedado hacia la parte vieja, las plazas, los museos, los bares y espectáculos, los cañones del morro suenan al son de ritmo caribeño.

Girando al mundo de la seguridad informática, los hackers cubanos son evidentemente anónimos y clandestinos. Famosos por ser los creadores de las computadoras “Frankestein”, equipos compuestos de casi cualquier componente reutilizable (otra muestra del ingenio que comentaba), su principal objetivo es pasar inadvertidos. Víctimas de las restricciones, luchan por tener acceso a Internet en una Habana llena de secretos…


Extraído de http://unlugarsinfin.blogspot.es

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